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elfuturoyallego:

Por Manuel Canti

Pocas personas saben quien fue Bogdan Chmielnicki. Hay otras maneras de escribir su nombre (Khmelnitski, o Khmel’nyts’kyi por ejemplo), pero no es esa la razón por la que resulta desconocido para muchos. La razón es sencilla, y tiene un nombre concreto: negacionismo. Y es peligroso.

El día 6 de noviembre el portal Miradas porteñas publicó una noticia desconcertante. Titulada “Derecho elimina Sociología del Holocausto”, llamó la atención acerca de una decisión cuyos motivos son difíciles de explicar; más aún considerando el prestigio que tiene la Facultad de Derecho de la Universidad de Buenos Aires. La nota completa, que informa que ciertos docentes tomaron la decisión de dejar de ofrecer cursos sobre el genocidio más grande de la historia de la humanidad (en una facultad adonde se lo solía estudiar), puede leerse aquí (http://bit.ly/thez1h), y sus primeros párrafos dicen lo siguiente:

“Las flamantes autoridades del Departamento de Derecho Penal de la Facultad de Derecho de la Universidad de Buenos Aires, rechazaron la continuidad de la enseñanza sobre el Holocausto y el Genocidio.

Según el docente a cargo, Fernando Susini, la directora del Departamento, Lucila Larrandart, rechazó los dos cursos del Ciclo Profesional Orientado (C.P.O.) llamadas “Sociología del Holocausto” y “Criminología del Genocidio. Del Holocausto a la dictadura militar argentina (1976/1983)”, cuyo objetivo es el estudio del Holocausto, el Genocidio y el Terrorismo de Estado.

La decisión se dio a conocer durante ésta semana, cuando de manera informal el mismo Departamento le anunció al grupo de docentes e investigadores responsables de las asignaturas, que se abandonaba el curso sobre la Shoah, el cual se dicta desde hace cuatro años en forma ininterrumpida y con gran aceptación por parte de los estudiantes.

A su vez, la medida parece querer extenderse ya que las nuevas autoridades también rechazaron una nueva propuesta para enseñar el delito de Genocidio y los crímenes cometidos por la última dictadura militar, desde el marco teórico de la Criminología y el Derecho Penal.

El argumento de la directora Larrandart por el cual resolvió tomar la medida fue “porque sus contenidos resultan ajenos a la línea establecida por las nuevas autoridades del departamento”.

Los profesores encargados de la materias están indignados con la medida y además explicaron que es incoherente con los avances registrados en los últimos años y con las repercusiones que tuvo la temática ya que la Universidad de Palermo ha incorporado también la temática de la Shoáh a la currícula de posgrado.”

El negacionismo no es otra cosa que modificar el registro histórico, adrede, de manera de distorsionar ciertos hechos con el objetivo de que aparenten más o menos favorables. Y en lo que al Holocausto se refiere, el negacionismo ocurre motivado por el antisemitismo (existente desde la misma génesis del judaísmo), o por la voluntad de defender al régimen nazi o a la Francia de Vichy.

El hecho de que se decida abolir un ciclo educativo que trate y analice el Holocausto desde varios puntos de vista en un ámbito de estudio tan relevante como la Facultad de Derecho de la UBA, cuya misión, entre otras, es formar y educar personas en los diversos campos del derecho, resulta grave y peligroso. Considerando que vivimos en un país democrático, republicano y plural, con sendos avances en el campo de derechos humanos, esta decisión parece tener motivaciones discriminatorias. Basta recordar el informe recientemente publicado por la DAIA (Delegación de Asociaciones Israelitas Argentinas) y la Anti Defamation League de EE.UU. para preguntarnos por qué es que se decide no continuar con el aprendizaje de un tema tan transcendente como el genocidio judío durante la Segunda Guerra Mundial (dicho informe ofrece preocupantes datos sobre la discriminación en nuestro país; más información aquí http://bit.ly/p1JTjq).

El negacionismo y la ignorancia son los peores fantasmas de la discriminación y la xenofobia. Permiten, precisamente, que puedan consumarse matanzas indiscriminadas. Eso es justamente lo que hizo que hoy pocos sepan que Bogdan Chmielnicki, casi 300 años antes que Hitler, haya sido uno de los principales instigadores de las masacres a los judíos por parte de los cosacos en 1648 y 1649. Acciones que terminaron en la muerte de entre 100,000 y 200,000 judíos (dependiendo de la fuente), y más de 300 comunidades en territorio polaco o ucraniano. 

Me parece muy necesario que se estudie el Holocausto, sobre todo en carreras relativas a Sociología o Antropología me parece que estos temas son cruciales, básicos.

Me parece también que no sólo tiene que haber una “sociología del Holocausto”, si no también de la Conquista de América y de la Diáspora Africana, y no las hay porque los supervivientes de esos genocidios no tienen mucho apoyo gubernamental ni plata, y hay una deuda de este estado (el hijo del estado que perpetró esos dos genocidios) y de la sociedad que nunca se hicieron cargo de cómo nos hicimos con el país. También me parece que el etnocidio americano y afroargentino son los primeros genocidios del estado genocida argentino y que esto es algo que también es indispensable estudiar en relación con la última dictadura militar.

 Concuerdo con la importancia de este problema, porque la verdad si buscás el tag #judio en tumblr, por ejemplo, si no hay comentarios racistas hay chistes (racistas) de humor negro. No se termina de meter en la cabeza de la gente que hay #CosasConLasQueNoSeJode y por qué no se jode.

(Igual me parece que cuando se habla de estos temas está bueno tratar de evitar calificativos como “el peor genocidio de la historia” básicamente porque es difícil decidir cuál es el peor (es complejo decidir qué es peor, que dure mucho, que sea  de súbito? menos muertos durante un tiempo más largo? más muertos durante un tiempo más corto? 600 años de esclavitud? que te saquen de tu tierra? que te invadan la tierra? no tener niguna? es medio imposible decidir y da para quilombo) y porque medio que se abre el malentendido de que cuando A es víctima es peor que cuando B es víctima y es medio jodido. Es el tipo de cosa que contribuye a que las minorías se peleen en lugar de organizarse.)

Hace falta una discusión seria sobre racismo, clasismo, xenofobia, antisemitismo, sexismo, transfobia, homofobia, discriminación contra las personas con discapacidad y enfermedad mental, etc,  y cómo se relacionan. Porque es muy difícil encontrar en Argentina personas que al mismo tiempo no sean víctimas de alguna o varias de estas cosas y reproduzcan o perpetúen otras.

Hay que hablar de una vez por todas con franqueza de cómo se perpetúan los prejuicios y cómo los perpetuamos. Sin culpa, simplemente con honestidad. Haciéndonos cargo de lo que nos toca. 

Yo conozco pibes del barrio que tienen prejuicios hacia los blancos y los judíos por una cuestión de clase y de plata,  y no los puedo culpar cuando sé que esos pibes pertenecen al actor social con mayor posibilidades de ir injustamente a prisión o ser víctima de perfilamiento racial. Conozco a una que otra muchacha judía que tiene mucha sensibilidad para percibir cuándo la están agrediendo como mujer o como judía pero no tiene la más mínima intención de revisar sus palabras cuando habla de los “negros de mierda” que “están así por que quieren” y que “no tienen cultura”. (Sí, sí, sí, vos sabés quien sos.) Y no la puedo juzgar porque sé en qué situaciones está, cómo el genocidio de sus abuelos es un chiste para mucha gente.  Sólo me resta tratar de señalar las contradicciones y esperar que mis amigos me escuchen y no se enoje demasiado. 

Por estas cosas me parece que hace falta que se empiecen a poner en relación todas estas cuestiones y que se enseñen así, a gran escala. Yo sigo sin entender cómo fue que me enteré de la supervivencia de los afroargentinos recién después de terminar el secundario y buscando información por mi propia cuenta.  Me enteré de muchas cosas porque era una adolescente depresiva y por alguna razón me gustaba leer sobre la caza de brujas, la conquista de América, el holocausto y la dictadura.  

Para entender cómo operan los casi-infinitos mecanismos de opresión, discriminación y privilegio en nuestras sociedades  necesitamos recurrir una y otra vez a la historia. Y si hay que esperar que los ciudadanos tengan la buena fe de ponerse a investigar… vamos a tardar mucho más que si hay voluntad política.